21/11/2011

Lacrimosa


Era diciembre, y hacía frío.
En los momentos claves de su vida, nunca había hecho calor. Las grandes obras salían de la oscuridad, de la desesperación. No en vano los mejores artistas de la humanidad habían tenido vidas confusas, llenas de altibajos brutales y un dolor inexplicable, indescifrable, indescriptible, que nadie salvo ellos podría entender.

Lacrimosa dies illa...
(Día de lágrimas aquel...)

Hacía horas que la luna había llegado. Se encontraba solo.
En los momentos claves de su vida, nunca había tenido compañía. Le decían que él huía del amor, aunque le daba la impresión de que en realidad era el amor quien huía de él. A lo mejor todos, incluido él mismo, estaban equivocados.

...qua resurget ex favilla...
(...en que resurja del polvo...)

El silencio acariciaba cada uno de los rincones de su habitación en penumbra.
Los momentos que más disfrutaba eran aquellos en los que no se oía ninguna, absolutamente ninguna voz que pudiera herir su alma. No sabía por qué, pero la mayor parte de lo que decían los demás le hacía daño. Eran demasiado poco considerados. Con ellos mismos, y entre sí.

... judicandus homo reus.
(... el hombre reo, para ser juzgado.)

Arrugó furiosamente aquella carta, apretujándola sonoramente dentro de su puño cerrado.
Muchos se molestaban en conocerle con el único objetivo de hacerle daño. Les encantaba llamarle loco, absurdo, soñador incorregible. Lo malo era que pronunciaban aquellas palabras como si fueran insultos. Se sentirían bien mientras lo hundían, ya que seguramente en esos momentos no tendrían que pararse a pensar en su propia forma de ser. Hay gente que huye de sí misma como de la peste.

Huic ergo parce, Deus...
(Perdónale pues, Dios...)

La tiró con rabia en la papelera, y se asomó por la ventana. Las estrellas seguían brillando como si no pasara nada.
¿Habría vida allá afuera? Muchas veces se preguntaba lo que dirían los de allá arriba si llegasen a entrar en contacto con los humanos. Pero prefería pensar poco rato en ello. Su propio planeta llegaba a inspirarle demasiada vergüenza, y ya tenía bastante con intentar no avergonzarse de sí mismo.

... pie Jesu Domine...
(...piadoso Jesús, Señor...)

El poema recién escrito permanecía encima de su escritorio, iluminado por la tenue luz de su lámpara de aceite. Mudo, inmóvil, esperaba el momento en que alguien lo leyera.
Hay quien juzga inservibles las vidas de otros con mucha facilidad. Pero contestadme, amables lectores, ¿acaso una vida entera de sombras no merece la pena, si de su asfixiante oscuridad saliera el poema más enternecedor jamás escrito? ¿Acaso no compensa miles de horas de soledad y locura una reflexión profunda capaz de conmover las almas de los demás, hasta el punto de elevar sus corazones y cambiar sus vidas?

... dona eis requiem. Amen.
(...dales el descanso. Amén.)

Le dedicó una última mirada a aquellos versos, para luego hurgar en el cajón y sacar la pistola. Apretar el gatillo fue fácil. Consideraba que su alma había dejado de necesitar al mundo hacía tiempo. 
Mientras la luz dejaba de brillar, seguía recordando a aquel gran músico muerto en penumbras, como él; aquel que había abandonado en el lado de los vivos la más terrible y maravillosa de las composiciones. Una pieza ciertamente desgarradora que acabaría sonando en su propio funeral.


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Muchas gracias por comentar, buena persona ^^