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lunes, 2 de mayo de 2016

Au moment du printemps

Durante la primavera

Foto: Mar...  ta Santos
Quieren prostituir el arte.
Quieren comprar las palabras, vender las emociones, subastar la conciencia.
Ofrecen como una oportunidad el perdón de tu vida.
Porque ellos tienen las redes, y tú eres el pescado.
Juegan con el pescado, y juegan con aquellos a quien se lo venden.
El mar les pertenece, dicen ellos. Sólo porque lo han encontrado primero y lo han escrito en un papel. Y las ballenas, los corales y los delfines callan. Y quien calla, otorga.”

Aquel mensaje llegó a sus manos, metido en una botella. Ella, paseando por la playa, descalza y con algunas gotas de lluvia en su blanco vestido, lo recogió y lo llevó a su casa.
¿Quién lo había escrito? ¿De qué extraño mundo venía aquel agónico y desesperado mensaje? Y lo más importante, ¿quiénes eran aquellos a los que se refería?
Ella entró en su pequeña cabaña de madera. Se limpió la arena de los pies, se cambió de ropa y sacudió las gotas de agua que salpicaban sus cortos y rubios cabellos. Ya calzada y con su manta verde protegiéndola del frío que comenzaba a despertar, prendió la lámpara y analizó en detalle aquella nota. La lluvia, insistente, repiqueteaba cada vez con más fuerza contra la ventana.

Ofrecen como una oportunidad el perdón de tu vida.”
El mar les pertenece, dicen ellos.”

¿Quiénes? ¿Quiénes podían ser tan retorcidos como para hacer algo así?
Por más que le daba vueltas, no podía comprenderlo.

Se le hizo muy tarde con aquellas cavilaciones. La luna comenzaba ya a adornar el cielo, y las estrellas le hacían compañía. Aquella chica decidió dormir. Mañana sería otro día.

Al despertar, un sudor húmedo bañaba su frente. Había tenido una pesadilla horrible. No quería siquiera recordarla. Salió entonces fuera, otra vez a pasear por la playa, para olvidar aquella terrorífica visión con la que se había despertado.

Un pájaro se posó entonces sobre su hombro. Decidió acariciarlo, suavemente y con amor, y aquel pájaro se transformó en un anciano.

Espantada, dio un respingo hacia atrás.

No temas —sonrió aquel anciano de larga barba y largos cabellos encanecidos. En sus ojos, lagos azules—. Vengo a traerte la respuesta que buscabas. Estaba en tu corazón, pero yo la haré visible ante tus ojos.

Entonces, el hombre sabio se agachó y comenzó a dibujar en la arena.

Ésta era la Tierra que has visto. Se trataba de un planeta que existió hace millones de años. Hoy ni siquiera se llama así. Sus playas, su arena, eran limpias como todo el Universo. Sus criaturas, hermosas. Pero alguien decidió sumirla en las tinieblas, y todos ellos se olvidaron de quiénes habían sido. La prostitución del arte a la que se refiere el texto define la codicia, el egoísmo que empañaba los corazones de todos ellos y que no les dejaba ver con los ojos que realmente ven. Hubo un tiempo, sí, hubo un tiempo en que se manipulaban los unos a los otros, siempre con la excusa de estar obedeciendo órdenes de alguien a quien consideraban más importante —el anciano hizo una pausa y añadió—: Sí, también se habían olvidado de que todos eran igual de importantes.

Pero... Qué horror. ¿Eso que me cuenta, de verdad existió alguna vez? ¿Cómo no podían ver que la Fuente es amor y que los conectaba a todos?

Ni siquiera creían en la Fuente. —La sonrisa de aquel hombre anciano era amarga—. Ya te dije que las tinieblas les tapaban los ojos que realmente ven.

Estaban ciegos —concluyó la chica. El anciano asintió con la cabeza—. ¿Y qué pasó entonces?

Hoy ese planeta ya no existe de esa manera. Solo los seres más puros de corazón, los que realmente querían salir de las tinieblas, recibieron ayuda de la Fuente para evolucionar y salir de aquella oscuridad. El planeta entonces se transformó en un lugar hermoso. Hoy ese mundo se llama Éoden, que quiere decir “la invencible”.

¿Y los que no quisieron salir de la oscuridad? ¿Qué pasó con ellos?

Se quedaron enganchados en las tinieblas. Pero no les importó mucho; ya lo estaban antes. Fueron saliendo de uno en uno de las tormentas galácticas, según su evolución y entendimiento les permitían. Hoy, algunos de ellos viven aquí. Son tus vecinos, aunque no te hayas percatado. El que escribió ese mensaje es hoy tu primo; un náufrago del pasado. En aquella época su dolor era tan inmenso que fue capaz de materializar aquella botella a millones de años luz en el espacio, y a millones de años temporales en el futuro.



La chica se quedó asombrada, pero no dijo nada. El reflejo del sol bailaba encima de las olas del mar.

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