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lunes, 13 de abril de 2015

El colgante. Eslabón 10

Foto: Marta Santos
 ¿Por qué...?

¿Por qué te he seguido, quieres decir? — le interrumpió Sonia. Armando cerró la boca, sorprendido.

Es fácil. ¿Por qué crees que una criatura sobrenatural, perfecta y hermosa, habría de juntarse con un humano?

El pescadero continuaba inmóvil, en silencio. No se creía capaz de responder, aunque muy en el fondo, su corazón podía intuir la respuesta.

Porque la perfección es el mayor de todos los castigos— continuó ella sin inmutarse—. Una vez que se alcanza, ya no hay más metas que perseguir. La vida, la emoción, deja de fluir. Eres un autómata que repite movimiento perfecto tras movimiento perfecto por toda la eternidad—. Los ojos hastiados de Sonia le mostraban con más viveza al pescadero todo lo que ella quería decir.

Quería ser imperfecta, Armando. Quería ser imperfecta como tú.

Él agachó la cabeza, avergonzado. Le daba la impresión de ser un ente no sólo más repugnante que Sonia, sino también más afortunado. Aunque fuera paradójico.

Tranquilo — le sonrió ella, levantándole la barbilla con sus delicados dedos—. Sabía que tarde o temprano esto iba a pasar, que me ibas a descubrir. Pero me da igual, estoy preparada para afrontar las consecuencias. Ahora he de irme a Leipzig.

Sonia comenzó a vestirse, mientras el pescadero la miraba extrañado.

¿A Leipzig? ¿Y cuándo volverás?

Nunca, Armando.

La elfa, con el vestido blanco ya abotonado, lo miró a los ojos por última vez. Su expresión fue impenetrable para el hombre. Nunca llegó a saber qué le quiso decir durante aquellos instantes de cristal. Si "gracias", si "perdóname", si "es mejor así". Ella desapareció etérea tras aquella puerta, tan etérea como había llegado hasta él.

Armando tampoco supo nada del juicio que le aguardaba a Sonia en los bosques colindantes con Leipzig. Junto a aquella ciudad alemana se encuentra el consejo de sabios del mundo élfico, formado por los cinco Primigenios. Aquellos que existen desde el inicio de los tiempos. Y su ley es implacable: "El mundo humano debe desconocer por completo nuestra existencia. La sentencia para todo aquel elfo que se atreve a mezclarse con los hombres y a presentarse ante ellos tal cual, es ser desposeído del don de la vida."

Sonia, impelida por su fuerte sentido de la responsabilidad, acudió junto a ellos. Y allí, a trescientos kilómetros de la casa de Armando, su colgante fue desactivado. El colgante personal que posee cada elfo, que contiene el escudo de la familia a la que pertenece y que simboliza su vida. A partir de ese momento, utilizó las dos semanas que le restaban de vida para volver al bosque que le vio nacer. Y allí, rodeada de la tierra que le era familiar, se recostó sobre las raíces de un pino a descansar para siempre.


FIN

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